Mi café tempranero

La parte favorita de mi casa es el jardín que casi no tengo… Justo en donde está mi zarzamora y el árbol de limón, es un pedazo de 2 metros cuadrados hermoso cubierto por pasto verde brillante… es justo ahí donde tomo mi café sentada en las escaleras. Cuando tengo tiempo me siento unos 10 minutos a sentir la tranquilidad del árbol grande de enfrente. Se contagia esa paz que emana lo grande que es, observo como se deja mover por el aire apenas imperceptible para mi. Es una manera de empezar el día y sentir la vida. A mi manera de verlo, el café templa mi sangre para calibrar mi sentido del humor o también llamado sarcasmo, que cuando tengo malos días alivia el alma y con los buenos los llena de brillo.

El café de mi mañana, de cada mañana, debe de ir siempre acompañado de un poco de miel, la que me recuerda que la vida es dulce a pesar de los altibajos; sentada en esa escalera testigo fiel de mis reflexiones más profundas… tomo cada sorbo de café sintiendo como avanza por las venas y me va sacando las sonrisas escondidas abajo de las cobijas. Siento como los sentidos se van despertando con la dulce miel que me acompaña, la leche de almendras, esa es extra y solo es porque me gusta e inspira.

A veces me tomo el café acompañada x la vecina o x una amiga, quizá 3 o más ahí en ese preciso caso ya sale sobrando la miel… esa la da la compañía…

mi café y el vaso icónico se ha convertido en un “algo” para mi, refleja quizá una parte de mi personalidad o tal vez un “querer ser mas grande” o quizá el hasta sentirme más segura; lo que si es cierto es que me gusta tomar café en mis vasos de colección con miel y leche de almendras en mi casi pedazo de jardín o en algún rincón de la ciudad sola o acompañada.

Mi café tempranero ha resignificado mis mañanas y de las que me acompañan!

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