Creo que siempre quise no estar conmigo pues no podía ver lo valiosa que era, no había manera: me decía que estaba gorda y jamás era suficiente, era muy baja de estatura, usaba lentes y mi cabello jamás estaba bien. Me peleé hasta conmigo misma para amar “más” siempre al de enfrente, tomé cursos y leí libros para -según yo- entregar mi amor de mejor manera y luego lloraba porque simplemente no me valoraban. Entonces salía mi abuela con su cuento de «solo ámate más para que te amen de verdad» y yo pensaba que ella era la que no entendía y la que obvio tampoco sabía. Hoy creo que solo le faltó explicarme más que la teoría.
Crecí y pasé los 14 años y seguía sin entender, luego llegué a los 20 y seguía buscando pero no podía escuchar a mi guía, entregaba el corazón una vez tras otra esperanzada en la promesa falsa de encontrar el “para siempre”. No podía escuchar mi voz y desastrosamente no hice caso a mi intuición, los cuentos que me contaba eran solo de tristeza y reflejaban mi soledad interior, y ahí en ese momento, juré que me amaba más que nunca porque tenía un amor, pero era asombroso que incluso sabiendo lo que necesitaba mi alma añoraba más lo de afuera.
Mi desesperación por encontrarme era enorme pero seguía usando el “afuera” como pretexto para satisfacer mi necesidad de amarme, de cuidarme y quererme; estaba confundida respecto a lo que sentía contra lo que vivía en esa sociedad llena de vacíos y consumismo vano y que además no terminaba de convencerme. Lo bueno es que mi intuición nunca cedió, ella siguió al acecho y susurraba cada vez más fuerte “ámate más…busca dentro”. Tuvieron que pasar más de tres décadas, un matrimonio, dos hijos y mucho dolor para que ella, mi intuición, gritara «no es afuera».
Ahí inicié otro camino, el día que comencé a decidir diferente también mi sonrisa empezó a brillar, justo el día que empecé a amarme más profundo. El primer paso se tradujo en innumerables sesiones de café conmigo misma, de hablar frente al espejo y de escuchar amorosamente aquello que reprimía; de escribir esa historia que estaba viviendo para aceptarla y transformarla en crecimiento. Sí, sí me salí de ahí, de esa relación, me puse límites a mí y a los demás… comencé a amarme hasta en la forma de cantar y avancé hasta que logré bailar en esa regadera que me vio llorar.
El siguiente paso fue escribir. Pasé más de una noche escribiendo sin parar y muchas veces mi alma me habló; mi discurso cambió y los cuentos se tornaron optimistas pues empecé a entender la conexión conmigo además de lo importante que era hablarme para escuchar mi intuición. Descubrí con los años que la vida sí es un proceso y que mi abuela tenía razón pues solo debía amarme: por fin estaba empezando a sentir ese amor primero hacia mí antes que por el de enfrente.
El tiempo ha pasado, los años y las relaciones también, y lo mejor es que hoy cuento más que nunca conmigo, con mi cariño, con mi amor por mí y también con el amor por vivir. Sigo reinventando cada día 900 maneras de amarme, diariamente me reto, desafío a mi sonrisa a brillar desde el alma, reconociendo que cada día me puedo amar un poquito más.

Me encantó cómo escribes, y más saber que te reencontraste y finalmente te tienes a ti, a tu sonrisa y tu café 😄. Sigue queriéndote mucho!!
hola! gracias!!! crezcamos juntas; súmate a la comunidad!!
Gracias por compartir! Tq
Esta increible el proceso que has vivido y la forma como has podido encontrarte a ti misma, cuidar tu autoestima y ver la importancia que tiene el valorar la vida y lo que te rodea.
FELICIDADES por ese logro y el compartirlo. Te envio un fuerte abrazo y te deseo seguir por ese camino. Un beso..TE QUEREMOSR