Suelo hacer recuentos de mis historias favoritas y no favoritas, amo unir esos puntos que antes no creí que podían converger y aprender de ellos. Hoy hace un año que cambié no solo la forma de vivir sino también mi forma de sentir y de relacionarme con cada emoción, me cambió un chip y es como si me hubieran regalado una nueva opción de vida, una nueva oportunidad; a veces siento como si hubiera muerto y renacido con más energía y distintas herramientas, como si hubiera descubierto una nueva forma de felicidad.
Este blog es un recuento del último año, ese año donde empezó la nueva oportunidad.
En los primeros meses repasé y estudié la palabra aprender y la comparé con la palabra aprehender. Creo verdaderamente que para mí aprehender es llevar a mi alma el conocimiento (lo que aprendí), lo que verdaderamente permea mi Ser.
Tuve momentos de profunda desesperación donde veneré mi vulnerabilidad observando su definición más profunda; estudié autores que me llevaron a confrontar mis creencias más antiguas; tuve mucho tiempo para escribir cada una, subrayarla, tacharla, negarla, aceptarla y hasta amarla con el fin de transformarla; fui comparándola con mi nueva oportunidad de vida y me ayudó a cuestionarme cómo quería vivir el hoy y cada momentito de mi vida nueva.
Pero también fui más allá. En el mes de abril le quité las etiquetas de buenas o malas a mis emociones y simplemente me di permiso de sentir de tal forma que cada vez conecté más con esa posibilidad de decir y sentir lo que soy, logrando ser un poco más auténtica cada vez. Estaba sorprendida pero cada día amaba más esa capacidad de sentirme vulnerable y a la vez conectarla con lo que hoy entiendo que es valentía y que antes confundí, pues pensaba que valentía era esconder todo lo que sentía, ser siempre la fuerte, la que no lloraba o la que tal vez gritaba primero. En resumidas cuentas, para mí valiente era ser fuerte, no dejarte de nadie y ser alguien que podía esconder quién era en realidad. Hoy mi concepto de valentía realmente es más interesante: simplemente tiene que ver con mostrarme tal cual soy.
Quizá fue ese el comienzo para cambiar y unir esos puntos que antes no podían converger. Lo que sí puedo afirmar es que hoy aprehendo, me llevo al alma el hecho de que la vulnerabilidad conlleva incertidumbre, riesgo y exposición emocional; acepto que quiero vivir así y para eso se necesita ser valiente y permitir que me vean tal cual, siendo yo, siendo auténtica y no querer que solo vean la parte linda de mí.
Para el mes de mayo algo pasó… se me cayó la armadura y empecé a ver a mi ego como mi aliado para crear más conciencia en mí, cambié mis metas y en lugar de tener que probar lo que soy en cada rol de mi vida me dediqué a vivir mi autenticidad, dejé de señalarme en todo lo que he fallado y decidí aprehender con el alma y estirar mi conciencia. Dejé de ver series por internet y noté una gran necesidad de conectar a un nivel más profundo con mi ser por medio de rituales super fáciles e intuitivos de tal forma que logré comunicarme con esa parte sabia de mí. Me comprometí conmigo misma y estuve dispuesta a ver lo que antes no quise ver, me di cuenta de todas esas veces que me evadí, me rechacé, me critiqué, no me quise, donde dudé de mí e incluso reconocí en silencio con mucho dolor las veces que me violenté. Observé que si yo podía ver el rechazo, la injusticia o la crítica en el otro era simplemente el universo mostrándome amorosamente lo que yo debía trabajar.
Pasado el tiempo y mientras seguía anotando mis creencias y emociones, incluso dejé de fumar y creo que hasta vacaciones le di al alma. Para agosto le di nombre a mis emociones más fuertes como la culpa y la vergüenza, estudié su diferencia, entrené (y sigo haciéndolo) la capacidad de detener mi mente para sentir mi profunda respiración.
Alrededor de septiembre noté que mi intuición me hablaba más fuerte y más seguido, tuve días para detener el tiempo y jugar a escucharla por horas, anotaba la forma en la que mi cuerpo me hablaba, escribía mis reacciones y las “casualidades” que pasaban en mi vida. Una noche llegó el miedo y entendí la fuerza de la intuición y todo lo que tiene que ver con los límites. Comencé a sentirme segura cuando con un abrazo le di fuerza a esa voz interna y entonces el empoderamiento salió de mis entrañas.
Para el otoño, en octubre y noviembre, perfeccioné el arte de reflexionar para crecer, me centré en momentos duros y con libreta en mano cada noche me hacía preguntas que aderezaba con tés endulzados con miel; me di cuenta del rol de la perfección y cómo lo llevaba al extremo. Mucho tiempo quise ser más “perfecta” de lo que era, pero en esos meses solté ese sueño y me di permiso de ser imperfecta, me di permiso de burlarme de mi “perfección”, de divertirme y reírme de lo imperfecta que sí soy, para lograr simplemente ser yo; de nuevo la autenticidad estaba en juego y estuve segura de que vengo a mostrar mi esencia en esta vida.
Diciembre fue de nuevo un momento de ceremonias que tienen que ver con el cierre de ciclos, de reconocerme, fue un mes de retomar mis herramientas y recapitular mis fracasos para darme cuenta que sigo estando dispuesta a caerme, pero siempre reconociendo mis emociones y aprendiendo de ellas. Al escribir mis emociones y observarme me di cuenta que me encantó el sentimiento de mostrarme vulnerable, incluso percibí que aunque me hayan roto el corazón definitivamente volvería a amar. Al finalizar el mes me di cuenta que estaba más viva que antes y que todo el 2020 me había regalado vida, una vida de la cual yo ya estaba más que enamorada.
Llegó enero y comencé el año con más casualidades mágicas, me sentía más y más afortunada, también más divertida y a diario me conectaba con mi intuición pues seguía aprendiendo a sentirla, así que logré estar más presente y también ser más auténtica.
Con este recuento no quiero decir que ya terminé mi camino y que llegué a esa hipotética meta que creemos que existe; por el contrario, hoy confirmo el estar segura que empiezo de nuevo, que sigo en este proceso con nuevas y divertidas herramientas que han hecho más real mi vida, con buenos, malos y pésimos días pero con ganas de aprender y aprehender las emociones, de mis fracasos y hasta de mis sonrisas.

Bien mi niña síguete así eres grande
Qué bello Clau! Nada como aceptarte, quererte y ser valiente en la forma en que lo mencionas.
Clau, aprehender requiere de vulnerabilidad, y para sostenerla se requiere de valentía. Me da gusto leer que estás en un camino de crecimiento. Que siga así siempre.